Curul de Paz CTEP 12: Una representación en disputa y el desafío de honrar a las víctimas


Reunión con líderes comunidades sector Dibulla, La Guajira

A pocos meses de nuevas contiendas electorales, Colombia vuelve a tener la oportunidad de enfrentarse a una pregunta: ¿quiénes deben representar a las víctimas del conflicto armado en el Congreso? La respuesta no es menor. De ella depende buena parte de la implementación efectiva del Acuerdo de Paz de 2016, especialmente en territorios donde la guerra dejó heridas profundas que aún no cierran. Uno de esos territorios es la Circunscripción Transitoria Especial de Paz (CTEP) 12, que agrupa zonas rurales de Cesar, La Guajira y Magdalena, en el entorno de la Sierra Nevada de Santa Marta. Se trata de una región estratégica, multiétnica y biodiversa, pero también históricamente golpeada por el desplazamiento forzado, la violencia armada y el abandono estatal.

¿Qué es la CTEP 12 y por qué es importante?

Las CTEP, conocidas como curules de paz, fueron creadas para corregir una exclusión histórica: permitir que las víctimas del conflicto, y no los partidos tradicionales, tengan voz directa en la Cámara de Representantes. Son 16 circunscripciones especiales, cada una con una curul, de carácter transitorio y vigentes por dos periodos legislativos.

La CTEP 12 no responde a límites departamentales convencionales. Su diseño obedece a la lógica real del conflicto armado, que atravesó fronteras administrativas y afectó comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes que comparten dinámicas sociales, culturales y de victimización. En la Sierra Nevada, esta realidad se expresa en pueblos como los Arhuacos, Kogui, Wiwa y Kankuamos, así como en comunidades campesinas desplazadas en repetidas ocasiones.

Por eso, la curul de esta circunscripción no es simbólica: es clave para impulsar verdad, reparación, garantías de no repetición y desarrollo territorial, pilares centrales del Acuerdo de Paz.

Una elección bajo debate público

Desde su creación, la elección del representante de la CTEP 12 ha estado rodeada de controversia pública. Diversos sectores de víctimas, organizaciones sociales y analistas han manifestado inconformidades políticas y éticas relacionadas con quien hoy ocupa la curul. El debate se ha centrado en la ascendencia familiar del actual representante, hijo del exjefe paramilitar “Jorge 40”condenado por graves crímenes cometidos durante el conflicto armado. Para muchas víctimas de la región, este hecho plantea una tensión ética profunda: si bien la responsabilidad penal es individual, el simbolismo político de esta representación resulta doloroso para comunidades que padecieron directamente el accionar paramilitar.

Estas voces no cuestionan la legalidad del proceso electoral, sino algo más complejo y legítimo en democracia: la coherencia moral y política de una curul creada para dignificar a las víctimas.

¿A quién debe pertenecer la voz de la Sierra?

Aquí surge una discusión que el país aún no resuelve del todo: recuperar el sentido original de las curules de paz. Para muchos líderes territoriales, la CTEP 12 debería estar en manos de alguien que encarne la experiencia histórica de la Sierra Nevada, que conozca desde dentro las dinámicas, el desplazamiento, la resistencia cultural y la defensa del territorio.

En particular, comunidades indígenas han insistido en que la implementación del Acuerdo de Paz en esta región no puede desligarse del enfoque étnico, reconocido de manera transversal en el Acuerdo de 2016. La Sierra Nevada no es solo un escenario del conflicto: es un sujeto colectivo de derechos, con autoridades propias, memoria ancestral y una relación espiritual con el territorio.

Desde esta perspectiva, una representación indígena o profundamente arraigada a la Sierra sería una condición de compromiso político real para la paz de las comunidades de la sierra nevada. En este contexto han surgido propuestas que buscan reconectar la curul con las víctimas reales del territorio.

Entre ellas, sectores comunitarios han acompañado la candidatura de Albeiro Armenta Villazón, inscrito con el número 501 en el tarjetón de la CTEP 12, quien ha dado inicio a su campaña  en la comunidad indígena de Arimaka, en el municipio de Dibuilla, La Guajira; como un candidato con trayectoria territorial, con un discurso centrado en las víctimas, la paz y la memoria, representando la posibilidad de que la curul de paz sea ocupada por alguien cercano a las comunidades, con legitimidad social y sin cargas simbólicas que reabran heridas del pasado.

Albeiro Armenta Villazón, candidato a la curul de paz CTEP 12 Dpto. de La Guajira, Cesar y Magdalena

Recuperar la curul, es honrar a las víctimas

La discusión alrededor de la CTEP 12 no es un asunto coyuntural. Es una prueba para la democracia colombiana y para la coherencia del proceso de paz. Las curules de víctimas fueron pensadas para transformar la política, no para reproducir desconfianzas históricas.

De cara a las próximas elecciones, el reto es claro: informar al electorado, reconocer la verdad histórica del conflicto y preguntarse, con honestidad, qué tipo de representación necesita la Sierra Nevada para avanzar hacia una paz territorial real. Porque en regiones donde la violencia dejó cicatrices profundas, la representación no es solo un cargo: es un acto de reparación

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