CUANDO LA ESCUELA SE CUIDA, EL TERRITORIO FLORECE "Comunidades del Chocó recuperan sus espacios educativos"
Por: Panal Medios
Red de Comunicación Alternativa y Comunitaria
En el Chocó, la escuela no es solo un lugar para aprender a leer y escribir. Es punto de encuentro, refugio frente a la lluvia, espacio de palabra y memoria, y, muchas veces, el corazón mismo de la comunidad. Por eso, cuando una escuela se cae a pedazos, no solo se deterioran las paredes: se resiente la esperanza colectiva. En contraste, cuando una institución educativa se fortalece, el territorio respira y la vida comunitaria encuentra nuevos caminos para florecer. Más de 1.100 niñas, niños y jóvenes de los municipios de Bajo Baudó y Quibdó hoy vuelven a sus clases en espacios renovados, más seguros y dignos, luego de la entrega de obras de mejoramiento en cuatro sedes educativas del departamento. Estas intervenciones, realizadas con una inversión cercana a los $981 millones, llegan a zonas urbanas y rurales donde la educación ha resistido históricamente en medio del abandono, la precariedad y las difíciles condiciones climáticas.
Para muchas familias, madres comunitarias, docentes y liderazgos locales, estas obras significan algo muy concreto: aulas que ya no se inundan cuando llueve, techos que no filtran agua, baños que funcionan y comedores escolares donde la alimentación puede brindarse con mayor cuidado. Son cambios que, aunque puedan parecer pequeños desde afuera, transforman profundamente la cotidianidad de quienes habitan y sostienen la escuela día a día.
Bajo Baudó: escuelas que sostienen la vida comunitaria
En el municipio de Bajo Baudó (Pizarro), las obras se realizaron en tres sedes educativas fundamentales para la vida del territorio: la Institución Educativa Indígena Embera de Pizarro –sede principal, la Institución Educativa Francisco Pizarro – sede principal y la sede María Isabel Mosquera. En conjunto, estas intervenciones benefician a 987 estudiantes, en su mayoría niñas y niños pertenecientes a comunidades indígenas y afrodescendientes.
Las mejoras incluyeron la adecuación interior y exterior de las aulas, la reposición de cubiertas con canales y bajantes —una necesidad urgente en una región donde la lluvia acompaña casi todo el año—, el arreglo de pisos, la renovación de baterías sanitarias y la instalación de puertas y ventanas. También se modernizaron las redes eléctricas y los sistemas de iluminación, logrando que varios bloques quedaran completamente habilitados.
Para las comunidades, estas obras no solo representan infraestructura nueva, sino la posibilidad de enseñar y aprender con mayor tranquilidad. “La escuela es donde se reúne la comunidad, donde se hacen reuniones, mingas y celebraciones”, comentan líderes locales, quienes reconocen que contar con espacios adecuados fortalece el tejido social y reafirma el sentido de pertenencia territorial.
Tagachí: aprender del campo y para el territorio.
En la zona rural de Quibdó, la Institución Educativa Técnica Agropecuaria de Tagachí también fue intervenida, beneficiando a 193 estudiantes que se forman en saberes ligados a la tierra, la producción de alimentos y el cuidado del entorno. Con una inversión cercana a los $92 millones, se mejoraron las cubiertas con teja termoacústica, se adecuaron aulas, se cambiaron pisos de madera y se fortalecieron las baterías sanitarias y el restaurante escolar.
Para esta comunidad educativa, el mejoramiento del restaurante escolar es especialmentesignificativo, ya que la alimentación es un pilar fundamental para la permanencia de niñas, niños y jóvenes en el sistema educativo. Además, al tratarse de una institución técnica agropecuaria, estos espacios fortalecen procesos de formación que dialogan con la soberanía alimentaria y el conocimiento ancestral del territorio.
Desde Panal Medios, red de comunicación alternativa y comunitaria, insistimos en que hablar de infraestructura educativa en el Chocó es hablar de dignidad, justicia territorial y derechos colectivos. Durante años, las comunidades han sostenido las escuelas con esfuerzo propio, autogestión y trabajo comunitario, a pesar de la falta de inversión pública suficiente.
La entrega de estas obras, impulsadas por el Ministerio de Educación Nacional y Findeter, se suma a la necesidad de avanzar hacia procesos más integrales, donde la infraestructura vaya acompañada de dotación, fortalecimiento pedagógico y participación real de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios.
| Educar con dignidad es un derecho, no un privilegio |
En un departamento donde educar ha sido también un acto de resistencia, estas escuelas renovadas se convierten en espacios para sembrar futuro, cuidar la vida y fortalecer la organización comunitaria. Porque cuando la escuela se cuida, no solo aprenden las niñas y los niños: se fortalece el territorio y se reafirma la esperanza colectiva.

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