Buenaventura recupera un espacio para el deporte y la vida
Por: Panal Medios
Red de Medios Alternativos y Comunitarios
La tarde cae lentamente sobre Buenaventura. El aire húmedo del Pacífico atraviesa las calles del
barrio El Ruiz mientras un grupo de niños corre detrás de un balón en una cancha que, hasta hace
poco, permanecía deteriorada y silenciosa. Las graderías recién cubiertas resguardan ahora a
madres, abuelos y vecinos que observan el partido improvisado como si asistieran a la
recuperación de algo más profundo que un escenario deportivo: la posibilidad de volver a
encontrarse como comunidad.
En un territorio marcado durante décadas por el conflicto armado, la pobreza y el abandono
institucional, la entrega del mejoramiento del escenario deportivo del “Barrio El Ruiz” se convirtió
en una jornada cargada de simbolismo. No fue únicamente la inauguración de una obra pública;
fue también una escena de reapropiación del espacio colectivo y de reconstrucción de la confianza
comunitaria.
La intervención fue realizada por el Fondo de Programas Especiales para la Paz de la Presidencia
de la República, con acompañamiento técnico y social de Findeter, como parte de las apuestas del
gobierno del presidente Gustavo Petro por consolidar procesos de paz territorial en las regiones
más golpeadas por la violencia.
En “El Ruiz”, los habitantes recuerdan que durante años la cancha permaneció en condiciones
precarias. Las lluvias inundaban el lugar, la iluminación era insuficiente y el deterioro alejaba
progresivamente a la comunidad. Sin embargo, la memoria del barrio sigue vinculada a ese
espacio: allí crecieron generaciones enteras entre campeonatos barriales, encuentros culturales y
celebraciones populares.
Por eso, cuando comenzaron las obras, muchos vecinos siguieron de cerca cada avance. La
inversión, superior a los 699 millones de pesos, permitió la construcción de una cubierta para las
graderías, instalación del sistema de evacuación de aguas lluvias, nuevas luminarias y cerramiento
de la cancha con malla de protección.
“Esta intervención no solo dignifica el territorio, sino que fortalece la convivencia ciudadana y el
sentido de pertenencia, transformando un espacio físico en un motor de esperanza institucional y
cohesión comunitaria”, expresó José Luis Rendón, supervisor técnico de Fondo Paz, durante el acto
de entrega.
Pero más allá de las declaraciones oficiales, la transformación se percibe en las pequeñas escenas
cotidianas. Un grupo de adolescentes organiza ya los próximos torneos; varias madres comentan
la tranquilidad de contar nuevamente con un espacio seguro para sus hijos; los líderes
comunitarios hablan de impulsar actividades culturales y jornadas juveniles alrededor de la cancha
renovada.
“Con esta obra no solo entregamos una cancha, entregamos oportunidades. Hoy niños, jóvenes y
familias cuentan con un espacio seguro para encontrarse, compartir y construir un mejor futuro”,
señaló Carlos Alberto Saad Llinás, presidente de Findeter.
Cerca de 500 habitantes serán beneficiados directamente con este proyecto. Sin embargo, en
Buenaventura las cifras rara vez alcanzan a explicar la dimensión humana de estos procesos. Aquí,
donde muchas comunidades han resistido entre el miedo, la exclusión y las heridas sociales,
recuperar un escenario deportivo significa abrir un lugar para la convivencia y para la esperanza.
Mientras avanza la noche y las luminarias recién instaladas iluminan el barrio, la cancha vuelve a
llenarse de voces y movimiento. El balón rueda una vez más sobre el cemento nuevo y, por un
instante, el sonido del juego parece imponerse sobre los ecos de la violencia que durante años
acompañaron a la ciudad puerto.
En “El Ruiz”, la comunidad sabe que una cancha no resuelve todos los problemas de
Buenaventura. Pero también entiende que la paz empieza muchas veces en escenarios sencillos:
una gradería llena, un partido entre vecinos, un niño jugando sin miedo y un barrio que vuelve a
reconocerse en lo colectivo.


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